Te quiero
Un te quiero puede tener una duración indefinida… más no por eso infinita.
No recuerdo cuál fue el primero ni siquiera el último, en realidad sí recuerdo ambos, pero por amor propio no debería mencionarlos. Soy contrario a quienes aseguran que el “querer” indica el deseo de propiedad, el te quiero puede ser una declaración libre de desprendimiento hacia el prójimo basados en nuestra (dis)capacidad de amar.
En este tiempo largo he descubierto que hay te quiero que duran una vida, desde el día que naces hasta el que mueres y aún después. Como por ejemplo el te quiero de tu madre, vaya que el más grande te quiero. Hay el te quiero que se convierten en te amo. Hay te quiero con los que sabes que llenarás de dicha a tus hijos y que procuraras decírselo millones de veces sin cansarte. Hay te quiero que le escribes a una chica al finalizar una carta. Existen algunos te quiero que te mordiste la lengua para no decir y por los que hiciste de todo para no sentir. Hay te quiero que dijiste recostado sobre ella. Hay te quiero que piensas en tu cama antes de dormir. Hay te quiero que los dijiste sin sentir. Hay te quiero que no engañan verdades. Hay te quiero que hieren. Mas hubo te quiero como analgésicos y antibióticos contra la soledad. Hay te quiero que se confundieron con te necesito, que no es lo mismo. Hay te quiero que sientes mientras manejas de noche y la ves por el rabillo del ojo a tu costado. Hubo algún te quiero que dijiste llorando y otros te quiero llenos de felicidad. Existen los te quiero que son poemas escritos por Mario Benedetti y de ahí me robo algunos: “te quiero porque tus manos trabajan por la justicia, [te quiero] porque tus ojos ojos son mi conjuro contra la mala jornada”.
Y bueno, también hay te quiero calientes como una colcha de plumas de ganzo y otros frígidos como una ducha de nitrógeno líquido. Hay te quiero con música y otros que no te dejaron terminar de ver la película. Hay te quiero de lunes y otros de sábado que son más relajados, pero ninguno como los de un viernes de madrugada lejos de aquí. Hay te quiero de amigo, de tía, de primos, de abuelas.... de mis hermanos. Algunos te quiero se dicen por teléfono al terminar la llamada y otro que nos sorprenden cuando ella llama después de una pelea.
Existen te quiero para agradecer un helado; otros, una caminata, un aventón. Hay un te quiero que dice ella antes de cerrar su ventana o en su último mensaje del móvil. Hay te quiero para despedirte en sus puertas de reja. Algunas veces escuchas te quiero que te abrazan y te dan chocolate caliente un miércoles de junio y cervezas los domingos de enero en la playa. Hay te quiero que no necesitan ser expresados. Existen te quiero insuficientes, hay los subversivos, inclusive compasivos… ¿terrible, no?. Existen los "yo tb" que matan los te quiero, ¿acaso no es mejor escucharlo de nuevo?. Hay te quiero contra muros y otros en salas. Hay te quiero que pensaron cambiar su mundo, tu mundo... quizá ilusos, quizá muy ambiciosos. Hay te quiero seguidos de te odio. Hay te quiero que me gritaron llorando; perdón, aún lo siento. Hay te quiero bajo garúas y otros en la playa al sol. Hay te quiero que sabes que no debes decir que son peores que los que no debes sentir. Hay te quiero condenatorios y otros liberadores. Hay te quiero como bienvenidas o despedidas de los largos viajes, aquellos de aeropuertos de allá y de acá. Hubo te quiero en catalán, en inglés y otro en francés pero los que mas quisiste siempre fueron en español, no necesariamente tenían mi acento, pero eran en español.
Hay te quiero en Perú, en España, en EEUU, en Francia, en México y China. Los hubo con cervezas, vodkas y con vino. Hay algunos te quiero se dijeron en camas y otros en sofás y en bancos de parques a 3500 metros de altura. Hay te quiero en cuartos de baño. Hay te quiero a oscuras y otros con luz; magníficos son esos te quiero que emiten luz. Hay te quiero en parques a media noche y algunos en el coche aparcado en el malecón un rato después. Hay te quiero a escondidas. Algún te quiero empañaron las lunas de los autos. Hay te quiero que se alquilan por horas. Hay algún te quiero que no te quise decir. Hay te quiero en hoteles, en plazas y automóvidles. Hay te quiero llenos con lujuria. Hay te quiero que los dices con el corazón abierto. Hay te quiero que duran el trayecto de un taxi sin destino. Hay te quiero que solo duraron un coito.
Hay te quiero que no volverán.
…si no hubiera al menos uno de estos te quiero probablemente no habría quién quiera vivir.
¿Cuántos te quiero dijiste tú?

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