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Mostrando entradas de enero, 2023

Lírica arrítmica. Lima.

Lima la horrible, César con garúa,  guerra declarada, jardín cercado,  Tipas de enero y jacarandaes en noviembre chapa con ganzúa, llave de aguas en el valle Casuarinas, Barranco, Leoncio Prado, Miraflores. Lima la dulce, flor de la canela,  alazanes de paso marinero y polka limeña Vidrios, ladrillos, adobes, ranchos  Fuentes, iglesias, murallas y santos Chabuca, fina estampa, zaguanes, duermevela Martín de Porres, Rosa, Cristo Moreno, el cura que se desvela Anticuchos, semáforos, cholitas, chamos, chinganas, escribanos, pirañitas, políticos marihuanos panza de burro, cielo hipotecado,  ciudad con mar de color acerado buganvillas, huachafos con corbata,  viejitas cucufatas coronados laureles de hojalata,  último tren de los Desamparados. Lima 18 enero MMXII

Historia. «Aux armes, citoyens!»

15 de enero de 1881, Batalla de Miraflores. Recordemos a los limeños caídos en la hora más negra de la República. Qué experiencia terrible. Chorrillos y Barranco habían sido arrasados en una ola de depravación y sordidez. Hacía dos días que las tropas chilenas habían incendiado hasta el último rancho de los balnearios. Los invasores se cargaron los mármoles y bronces a lomo de mula hacia su campamento para luego enviarlo hasta Valparaiso. En las calles todavía se escuchaban gritos de las mujeres mientras eran violadas por soldados medio borrachos. Iglesias había caído en Chorrillos, por lo que al mando estaban Pastor Dávila, Cáceres y Suarez. La defensa ha formado catorce reductos en línea desde La Molina hasta Miraflores, desde ahí mal armados planean repeler los 80 cañones y los 13 mil combatientes chilenos. Mal negocio. Civiles como yo o como tú, cogieron revólveres, carabinas, espadas, machetes, lampas y se congregaron desde la madrugada. Cuántos hijos y padres habrán muerto al fin...

Lírica arrítmica. Me enamoré en Medallo.

  X desordenaste el cajón de sastre el que cargaba entre las costillas y mi diafragma digno contándome historias de tus gatos escribiendo versos de Arcángel estropeabas mi paciencia ronroneando las melodías que tarareabas en el auto lo peor es que escapabas de mi cordura cruzando calles antes del amanecer. agosto ‘ 21 XI Cambiamos el baile por la lupa y la pipa Escribimos avisos buscando un  muerto obeso antes del viernes santo Un aprendiz de estafador  Que parió una wawa de accidente Que quebró su empresa de acciones Que desvalijó tu casa y asalto un banco Seguro todo para fumarse la plata Con mulatas de Bogotá O jugársela a pares o nones Sin avisar a los patrones Perdió todo a cruz. agosto ‘21 XII Nunca deseé poco, Tampoco he deseado tanto tus costillas Ni el olor de tu aliento a vodka destornillador Te he visto en mis sueños sacándome la lengua Luego de contarme las verdades edulcoradas Y tus retratos azules que son debilidad. Cada noche te sueño sin proponérmelo ...

Crónica de Viaje. La ciudad eterna.

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  Iba de tarde. Era 1ero de enero de 2016. Caminamos hacia el norte por la Via di Sant Ignazio, veníamos recorriendo ya algunos minutos, primero en bus con la 170 desde el departamento que quedaba por Marconi, hasta Piazza Venezia y de ahí a pie. Estaban reemplazando los adoquines de la calzada por lo que cada vez apresuraba un automóvil su paso por nuestro camino nos apegábamos a las vallas de seguridad o a la fila de Fiats y Smarts mal estacionados. Al llegar a la esquina y terminar la Chiesa di Sant Ignazio viramos a la izquierda hasta el 120 de la Via del Seminario. Una gran puerta esmaltada en verde con aldabas mitológicas que me apresuré a tocar. Tito abrió una de las hojas de la pesada puerta y entramos al vestíbulo del sobrio Palazzo Gabrielli-Borromeo construido hace cuatro siglos y que fuera utilizado hasta la supresión de la Compañía de Jesús como Seminario Romano y que ahora funge de residencia para estudiantes de licenciaturas, maestrías y doctorados de la Universidad ...

Sobre los museos

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  Voy a museos por la misma razón por la que prefiero el original de un libro a las copias que venden en la Plaza Francia, ir al cine que ver un bluray, estar en un concierto a oir música del Iphone y conversar a los ojos antes que chatear por Whasapp. Voy porque desde pequeño me inculcaron ir por ellos, escaparme de la realidad y volver al pasado, ir a un museo es un viaje de 50, 100, 1000 o 5000 años.   Voy a museos porque no solo son palacios de sabiduría. Los museos son huacas, bibliotecas, fortalezas, castillos, iglesias y cementerios. Voy a los museo porque me recuerda algunas etapas y momentos de mi vida. Voy porque mi tío Pepe de pequeño me llevaba y es de lo que más agradecido le estoy y de los mejores recuerdos que tengo. Voy porque a veces quiero estar sólo y porque hoy por hoy muy pocas personas están dispuestas a acompañarme. Y voy a museos acompañado también, pero debo de saber elegir la compañía. En fin, voy a museos porque jamás le vi el aura a una persona, pe...

El padre Jaime. Respuesta a Santiago Roncagliolo.

SANTIAGO RONCAGLIOLO 21 de abril 2010 https://elpais.com/diario/2010/04/01/catalunya/1270084048_850215.html En estas fechas de recogimiento y devoción he descubierto que un cura abusó de mí. Y de toda mi promoción escolar. Lo llamábamos padre Jaime y, cuando yo tenía 10 años, ya era el más viejo del colegio. Guardaba en su oficina los tableros de ajedrez y las pelotas de basketball. Y si necesitabas algo de eso, siempre lo encontrabas dispuesto a jugar. Antes de dejarte usar los juegos, el padre Jaime quería saber si te habías portado bien. Te sentaba en sus rodillas. Te palmeaba los muslos. Te acariciaba el cuello. Te llamaba "mi currinchín". Tú le contabas tus pecadillos, la mayoría de ellos bastante inocentes, y tratabas de pasar el trámite tan rápido como fuese posible. Al menos no olía mal. Su aliento olía a dentífrico, y cuando estabas tan cerca de él, percibías que tenía la piel muy delgada y arrugada, como un papel mojado. Las costumbres del padre Jaime no eran ningú...

Sobre mi abuela

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  -Apellida Sakihara. Sakihara. No me acuerdo su nombre. Era mi amiga. Repites ello mientras buscas en los cajones de tu memoria su primer nombre.  Luego continúas: -Ibamos con Celinda, Alicia, mi papá y ella al Parque Universitario en las tardes. Los domingos íbamos a San Pedro, allí era la catequesis para los japoneses, yo iba con ellos. Papi era japonés. -Nakagawa. Tadeo. Tadashi. -No recuerdo su nombre. Ay mi memoria. Quizá por eso estamos aquí, en San Pedro, celebrando tu vida y recordando tu muerte y celebrando que a través de ella tú encontraste nueva vida y gozas de ella en la Casa del Padre. Estamos aquí porque mencionabas este sitio a menudo, porque en estas paredes también tú tuviste historia. Porque en el claustro o en la nave también remanece tu presencia y la de decenas de miles y se comparten con las nuevas historias y nos enriquecen. Este texto lo comencé a escribir hace más de un año como una manera de tenerte siempre en mi memoria, de describir una pa...

Crónica de Viaje. Tepito y la Santa Muerte.

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  Desoigo la primera recomendación del taxista que me dice que no vaya a Tepito, que es peligroso. Me anima más a ir, aunque la necedad mía siempre ha sido precavida. Me bajo antes porque el tráfico es infernal en esa parte de Ciudad de México. Camino por entre los autos y camiones abrazando el morral de cuero donde llevo mi cámara de fotos. Atravieso una jungla de puestos amarillos y azules donde venden tabaco, películas porno, ropa interior, discos de reggeaton y de Pedro Infante, recientes estrenos de Hollywood y licores de dudosa procedencia. Me desvío de aquel bosque comercial siguiendo el mapa de mi teléfono, camino por una zona con talleres de coches y cantinas.  Al llegar a aquella quinta o vecindad, miro el altar con un morboso sentido antropológico. Hay una joven mujer rezando en silencio y se le ve una lágrima. Me acerco. En ello aparece un hombre con aire peligroso, una oreja ensangrentada y oliendo a alcohol que me pide una limosna. De inmediato sale del callej...

Te quiero

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Un  te quiero  puede tener una duración indefinida… más no por eso infinita. No recuerdo cuál fue el primero ni siquiera el último, en realidad sí recuerdo ambos, pero por amor propio no debería mencionarlos. Soy contrario a quienes aseguran que el “querer” indica el deseo de propiedad, el te quiero puede ser una declaración libre de desprendimiento hacia el prójimo basados en nuestra (dis)capacidad de amar. En este tiempo largo he descubierto que hay  te quiero  que duran una vida, desde el día que naces hasta el que mueres y aún después. Como por ejemplo el  te quiero  de tu madre, vaya que el más grande  te quiero . Hay el  te quiero  que se convierten en te amo. Hay  te quiero  con los que sabes que llenarás de dicha a tus hijos y que procuraras decírselo millones de veces sin cansarte. Hay  te quiero  que le escribes a una chica al finalizar una carta. Existen algunos  te quiero  que ...

Crónica de viaje. Aquella vez en Créteil

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  Había manejado la noche anterior para volver a Creteil. La reunión franco marroquí de la noche anterior había sido simpática, pero estuve mudo. Ese fue el momento donde de verdad vi la necesidad imperiosa de estudiar esa lengua.   Me recordó un fragmento del genial pintor Víctor Humareda en una carta a su madre, veinte años antes que yo naciera: Mi situación en París se está tornando angustiosa al extremo. La plata se está acabando. Ninguna persona compra aquí cuadros. He hecho un Quijote que nadie lo quiere. No sé francés. Los amigos peruanos solo invitan un té. Envíeme el pasaje de retorno a Lima. El dueño del hotel no tendría ningún miramiento en echarme a la calle. Además, el invierno comienza y mi salud es delicada. Aquí nadie me conoce. (1 de noviembre 1966) En el momento en que le escribo está nevando. Quedarme aquí significaría la muerte. Se terminan los francos. Me quedan 60. Dentro de dos o tres días no tendré nada. Lloro todos los días. En qué hora hice este...

Sobre el amor en los tiempos de Covid.

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  Le dijo a Robinson: “Detente en la esquina”. Abrió la puerta del lado  de la calle y se bajó del auto.  “Robinson, por favor espera que entre.” Ordené en tono apacible, embriagado, arrobado, embelesado por Carolina.  Carolina cruzó la calle y entró al edificio de apartamentos por una puerta bajo un anuncio de pizzería. Así la perdí de vista, en quince segundos apenas, más difícil fue sacarla de mi cabeza.  Robinson comenzó la marcha y se detuvo frente a un ATM y me esperó unos minutos que sacara el dinero. Emprendimos marcha hacia el otro lado de la ciudad, veinte minutos interminables donde no lograba entender lo acontecido. Lo curioso. Lo mágico. Lo real. Lo maravilloso. ——— Desde mi mesa en el restaurante, temprano aquella noche, luego de los ajetreos propios del vuelo desde Bogotá y los típicos tacos de tráfico en Medellín, podía ver buena parte de la ciudad. Había dejado a propósito mi bastón en el hotel, no quería usarlo esa noche a pesar del ...