Historia. «Aux armes, citoyens!»

15 de enero de 1881, Batalla de Miraflores.


Recordemos a los limeños caídos en la hora más negra de la República.

Qué experiencia terrible. Chorrillos y Barranco habían sido arrasados en una ola de depravación y sordidez. Hacía dos días que las tropas chilenas habían incendiado hasta el último rancho de los balnearios. Los invasores se cargaron los mármoles y bronces a lomo de mula hacia su campamento para luego enviarlo hasta Valparaiso. En las calles todavía se escuchaban gritos de las mujeres mientras eran violadas por soldados medio borrachos.

Iglesias había caído en Chorrillos, por lo que al mando estaban Pastor Dávila, Cáceres y Suarez. La defensa ha formado catorce reductos en línea desde La Molina hasta Miraflores, desde ahí mal armados planean repeler los 80 cañones y los 13 mil combatientes chilenos. Mal negocio. Civiles como yo o como tú, cogieron revólveres, carabinas, espadas, machetes, lampas y se congregaron desde la madrugada. Cuántos hijos y padres habrán muerto al final del día. Desolación en cada bayonetazo durante el repaso chilenos a nuestros caídos. Limeños de nacimiento, extranjeros afincados en Perú (italianos, franceses, ingleses y chinos) defendieron Lima en la hora más negra nuestra historia. La guerra estaba perdida.

Dos días después, los invasores, entrarán en un desfile lúgubre a Lima y la saquearán, se llevaran parte de nuestros tesoros y cultura, destruirán la biblioteca -la más importante de América a ese momento-, se llevarán libros, oro, joyas, esculturas, pinturas y de cuanto artículo se crean dueños. Pondrán en barcos que van al sur el botín. Gestiones y amenazas diplomáticas de Du Petit-Thouars evitarán que incendien y destruyan los edificios y que cometan los excesos y barbaridades de Chorrillos. Aún así las casas de Lima ondean banderas rojas y blancas, una muestra de resistencia ante la adversidad. Las casas de extranjeros o sedes diplomáticas foráneas llevan la de sus países a fin de evitar el pillaje. La casa de gobierno tiene bandera azul y roja con estrella y campo blanco. 

El cementerio general será lugar concurrido esos días, nuevos inquilinos llegarán a morar en los nichos o en los mausoleos de grandes familias. La muerte no distingue en la guerra. Los que no pueden pagar el entierro serán inhumados en fosas comunes. Durante algunas décadas, los domingos se transladaban muchas mujeres al Reducto de Miraflores (Via Expresa con Benavides) para dejar flores y recordar a sus maridos e hijos caídos en batalla. 

Cáceres, con la pierna rota, pudo escapar. Fue puesto a cubierto por el párroco de San Pedro, cuando estuvo mejor se replegó a la sierra desde donde lideraría la resistencia. Luego de la invasión, los chilenos ocuparán nuestra ciudad dos años más. Nos tomará casi 50 recuperar Tacna; habremos perdido para siempre Tarapacá, Iquique y Arica.

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