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Sobre mi abuelo.

  “Me contaba mi abuelo en torno al día que murió Carlos Gardel. Esto ocurría en el año 1935. La noticia fue difundida por la radio. Se hicieron eco todos los barcos extranjeros anclados en el puerto de Buenos Aires. Se pusieron a sonar todas las sirenas al mismo tiempo, alguien dijo que en señal de duelo. ¿Qué sentiste ante la muerte de Gardel, abuelo? A lo que él me contestó: “ ¡Caramba, ahora sí que somos pobres de verdad!”. Facundo Cabral. Me remonto a 1992, era marzo y mi bisabuela, su suegra, había fallecido ese día, lo vi en mi cuarto calzándose los zapatos, cuando le pregunté con curiosidad el por qué la gente muere me respondió con la tranquilidad de la sabiduría simple que dan los años: “porque la gente tiene que morirse”. No supe comprender en ese entonces la naturaleza real de las cosas, la cotidiana regularidad de la muerte. Esa frase fue el primer acercamiento real que tuve hacia dejar este mundo, todo acaba y que así es, simple e irremediable Nació en el año 1930 en...

Lírica arrítmica. Lima.

Lima la horrible, César con garúa,  guerra declarada, jardín cercado,  Tipas de enero y jacarandaes en noviembre chapa con ganzúa, llave de aguas en el valle Casuarinas, Barranco, Leoncio Prado, Miraflores. Lima la dulce, flor de la canela,  alazanes de paso marinero y polka limeña Vidrios, ladrillos, adobes, ranchos  Fuentes, iglesias, murallas y santos Chabuca, fina estampa, zaguanes, duermevela Martín de Porres, Rosa, Cristo Moreno, el cura que se desvela Anticuchos, semáforos, cholitas, chamos, chinganas, escribanos, pirañitas, políticos marihuanos panza de burro, cielo hipotecado,  ciudad con mar de color acerado buganvillas, huachafos con corbata,  viejitas cucufatas coronados laureles de hojalata,  último tren de los Desamparados. Lima 18 enero MMXII

Historia. «Aux armes, citoyens!»

15 de enero de 1881, Batalla de Miraflores. Recordemos a los limeños caídos en la hora más negra de la República. Qué experiencia terrible. Chorrillos y Barranco habían sido arrasados en una ola de depravación y sordidez. Hacía dos días que las tropas chilenas habían incendiado hasta el último rancho de los balnearios. Los invasores se cargaron los mármoles y bronces a lomo de mula hacia su campamento para luego enviarlo hasta Valparaiso. En las calles todavía se escuchaban gritos de las mujeres mientras eran violadas por soldados medio borrachos. Iglesias había caído en Chorrillos, por lo que al mando estaban Pastor Dávila, Cáceres y Suarez. La defensa ha formado catorce reductos en línea desde La Molina hasta Miraflores, desde ahí mal armados planean repeler los 80 cañones y los 13 mil combatientes chilenos. Mal negocio. Civiles como yo o como tú, cogieron revólveres, carabinas, espadas, machetes, lampas y se congregaron desde la madrugada. Cuántos hijos y padres habrán muerto al fin...

Lírica arrítmica. Me enamoré en Medallo.

  X desordenaste el cajón de sastre el que cargaba entre las costillas y mi diafragma digno contándome historias de tus gatos escribiendo versos de Arcángel estropeabas mi paciencia ronroneando las melodías que tarareabas en el auto lo peor es que escapabas de mi cordura cruzando calles antes del amanecer. agosto ‘ 21 XI Cambiamos el baile por la lupa y la pipa Escribimos avisos buscando un  muerto obeso antes del viernes santo Un aprendiz de estafador  Que parió una wawa de accidente Que quebró su empresa de acciones Que desvalijó tu casa y asalto un banco Seguro todo para fumarse la plata Con mulatas de Bogotá O jugársela a pares o nones Sin avisar a los patrones Perdió todo a cruz. agosto ‘21 XII Nunca deseé poco, Tampoco he deseado tanto tus costillas Ni el olor de tu aliento a vodka destornillador Te he visto en mis sueños sacándome la lengua Luego de contarme las verdades edulcoradas Y tus retratos azules que son debilidad. Cada noche te sueño sin proponérmelo ...

Crónica de Viaje. La ciudad eterna.

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  Iba de tarde. Era 1ero de enero de 2016. Caminamos hacia el norte por la Via di Sant Ignazio, veníamos recorriendo ya algunos minutos, primero en bus con la 170 desde el departamento que quedaba por Marconi, hasta Piazza Venezia y de ahí a pie. Estaban reemplazando los adoquines de la calzada por lo que cada vez apresuraba un automóvil su paso por nuestro camino nos apegábamos a las vallas de seguridad o a la fila de Fiats y Smarts mal estacionados. Al llegar a la esquina y terminar la Chiesa di Sant Ignazio viramos a la izquierda hasta el 120 de la Via del Seminario. Una gran puerta esmaltada en verde con aldabas mitológicas que me apresuré a tocar. Tito abrió una de las hojas de la pesada puerta y entramos al vestíbulo del sobrio Palazzo Gabrielli-Borromeo construido hace cuatro siglos y que fuera utilizado hasta la supresión de la Compañía de Jesús como Seminario Romano y que ahora funge de residencia para estudiantes de licenciaturas, maestrías y doctorados de la Universidad ...

Sobre los museos

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  Voy a museos por la misma razón por la que prefiero el original de un libro a las copias que venden en la Plaza Francia, ir al cine que ver un bluray, estar en un concierto a oir música del Iphone y conversar a los ojos antes que chatear por Whasapp. Voy porque desde pequeño me inculcaron ir por ellos, escaparme de la realidad y volver al pasado, ir a un museo es un viaje de 50, 100, 1000 o 5000 años.   Voy a museos porque no solo son palacios de sabiduría. Los museos son huacas, bibliotecas, fortalezas, castillos, iglesias y cementerios. Voy a los museo porque me recuerda algunas etapas y momentos de mi vida. Voy porque mi tío Pepe de pequeño me llevaba y es de lo que más agradecido le estoy y de los mejores recuerdos que tengo. Voy porque a veces quiero estar sólo y porque hoy por hoy muy pocas personas están dispuestas a acompañarme. Y voy a museos acompañado también, pero debo de saber elegir la compañía. En fin, voy a museos porque jamás le vi el aura a una persona, pe...

El padre Jaime. Respuesta a Santiago Roncagliolo.

SANTIAGO RONCAGLIOLO 21 de abril 2010 https://elpais.com/diario/2010/04/01/catalunya/1270084048_850215.html En estas fechas de recogimiento y devoción he descubierto que un cura abusó de mí. Y de toda mi promoción escolar. Lo llamábamos padre Jaime y, cuando yo tenía 10 años, ya era el más viejo del colegio. Guardaba en su oficina los tableros de ajedrez y las pelotas de basketball. Y si necesitabas algo de eso, siempre lo encontrabas dispuesto a jugar. Antes de dejarte usar los juegos, el padre Jaime quería saber si te habías portado bien. Te sentaba en sus rodillas. Te palmeaba los muslos. Te acariciaba el cuello. Te llamaba "mi currinchín". Tú le contabas tus pecadillos, la mayoría de ellos bastante inocentes, y tratabas de pasar el trámite tan rápido como fuese posible. Al menos no olía mal. Su aliento olía a dentífrico, y cuando estabas tan cerca de él, percibías que tenía la piel muy delgada y arrugada, como un papel mojado. Las costumbres del padre Jaime no eran ningú...