Crónica de Viaje. Buscando a Mateo Ricci.
Es octubre de 2008. El día es soleado en Pekín, hace frío de media estación, el abrigo proviene de mi gabardina y de la bufanda de cachemira. El viento sacude las hojas de los árboles y las banderas rojas que se ven por doquier. Tomo mi libro de la cama. No tengo más guía que el Lonely Planet que llevo siempre conmigo, aún los teléfonos no son inteligentes y el mundo parece ser más simple. Aquella guía de viajes es el único referente contra mi ignorancia sobre esta ciudad, sobre este país, de repente esos días sobre mi vida misma. Desde la ventana del hotel, desde el sétimo piso se ve la avenida de doce carriles atravesada por miles de autos, quizá millones de bicicletas también. Bajo al lobby y en la recepción pregunto a una amable señorita cuyo inglés a ratos me es ininteligible si puede darme referencias sobre el sitio al que deseo ir. Con dificultad le entiendo luego de haber escudriñado el mapa garabateado a lápiz. Al lado del hotel hay un mercado y desayuno unos tentáculos d...